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Fuente
http://www.playgroundmag.net/

Ante el aluvión de regalos dejado por los Reyes Magos durante la noche, hablamos con una activista de la educación de género para que nos ayude a entender nuestras elecciones.

 

Un gran teléfono rosa y 24 contactos de chicos a los que llamar para recabar información. No, no es que hubiera un importante caso sin resolver que necesitara de tu sagacidad y tu sin par inteligencia para cerrarse. Era que, entre aquellas fotos de chicos imberbes que aquel juego te mostraba, se escondía uno que buscaba novia y la primera que lo encontrara, se lo quedaba.

 Es cierto, ¡me gustas!”. Una voz robotizada pero chulesca, anunciaba el final de la partida. Algo que se convertía, automáticamente, en orgullo o en desgracia para la ganadora. Todo dependía del chico con el que le tocara conformarse.

 

En Navidad se produce el 80% de las ventas de juguetes de todo el año

 

Línea directa fue el juego de mesa que todas las preadolescentes de finales de los noventa deseamos que nuestros padres nos regalaran por Reyes. Inexplicablemente, sin que ninguna asociación feminista pusiera el grito en el cielo.

Nunca fui tan popular entre mis compañeras de clase como después de la Navidad en la que me regalaron el preciado teléfono rosa. Y nunca me he sentido tan timada como después de darme cuenta de lo estúpido y extremadamente sexista que era aquel “juego”.

 

 
 
 
 
 
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Según la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), en Navidad se concentra el 80% de las ventas totales de juguetes que se producen durante el año. Y no son solo los niños los que devoran las páginas de los catálogos decidiendo qué van a pedir. Todos tenemos un sobrino querido, un primo lejano, una amiga con hijos folloneros a los que nos vemos empujados aregalar por regalar. Muchas veces, sin ni siquiera saber del destinatario mucho más que su sexo y edad.

No importa, al fin y al cabo, solo buscamos cumplir. Pensamos que los juguetes son solo un entretenimiento y que los niños no se enteran de la misa la mitad.

 

Regalamos por regalar. Pensamos que los juguetes son solo un entretenimiento.

Pero, ¿y si te dijera que de esa decisión “banal” que tomas con prisas en una tienda abarrotada depende el resto de su vida?

No exagero. Alba Alonso Feijoo me lo demuestra mientras le cuento mi experiencia con Línea directa, casualmente, a través de un teléfono.

Alba es docente en la escuela pública (destaca que por vocación) y doctoranda en la Universidad de Vigo con una tesis sobre masculinidades en la literatura infantil anglosajona desde una perspectiva de género recién salida de imprenta.

Es, además, la responsable de la plataforma digital Realkiddys, una página con la que intenta hacer entender a padres, tíos, padrinos y demás obsequiadores potenciales que los juguetes que regalan influyen de una manera determinante en los niños.

 

 

El juego es una de las herramientas más importantes para el desarrollo del pequeño. A partir de él, los niños toman consciencia de sí mismos y del mundo, y desarrollan modelos de conducta.

Alba quiere que te preguntes, por ejemplo, por qué te da vergüenza regalarle un carrito a un niño si cuando sea mayor quieres que cuide a sus hijos, haga la compra, etc.

 

Te dicen: ‘si es niña por aquí y si es niño por allí’

 

Desde hace unos años, con la llegada de la Navidad, muchos ayuntamientos preparan campañas de concienciación para un consumo responsable de juguetes, sin embargo, el separatismo entre juguetes para niños y juguetes para niñas sigue siendo el que manda. Alba lo achaca a que nos dejamos llevar.

“Entras a una juguetería y ya te dicen: ‘ si es niña, por este pasillo y si es niño, por ese otro’. Lo vemos como algo normal pero lo adecuado sería preguntar la edad, sus gustos… El sexo es irrelevante a la hora de elegir un regalo”.

 

El sexo debería ser irrelevante a la hora de elegir un regalo

 

Separando por colores y pasillos limitamos el desarrollo personal de ambos sexos. Por ejemplo, los juguetes dedicados a niñas, que tan mal considerados están en manos de niños, son ideales para desarrollar las habilidades motoras finas (vestir muñecas, bañarlas, diseñar), el lenguaje (roleplay) o lainteligencia emocional.

“Lo más importante es que limitándolos les estamos quitando opciones de futuro. Por ejemplo, si hay más hombres matriculados en carreras de ciencia es porque nosotros hemos ido condicionándolos desde pequeños. Si tú no practicas jugando, si nunca te ves como parte de ese mundo, llega un momento que dices ‘esto no es para mí’”.

 

 

Estas navidades, Alba ha lanzado a través de Realkiddys y, en colaboración con otras páginas amigas, el hashtag “soyquiendecide”, en el que llama a visibilizar con fotos y tuits los gustos infantiles que se salgan de la norma.

“Hay gente que me ha dicho: ‘ ¿pero no son los niños los que deciden?‘. Sí, pero hasta cierto punto. Nunca se dice explícitamente que un juguete es para niños y otro para niñas pero va implícito en el empaquetado, en los colores, en los actores que salen en el anuncio… Sobre todo, lo que yo quería reivindicar es que no dejemos que sean las marcas las que decidan por nosotros”.

Pero, ¿cómo empezó todo? Investigando para su tesis, Alba detectó un gran cambio en la fabricación y la publicidad de juguetes que se produce en losaños noventa. Un cambio que puede verse como un gran retroceso.

“El mundo empezó a ver que le funcionaba vender una pelota rosa y otra azul, en vez de una sola”.

 

No dejemos que sean las marcas las que decidan por nosotros

 

Un buen ejemplo es el de Lego. En los años ochenta, existía un único tipo de Lego. Sin embargo, Cuando el mundo se tiñó de rosa y azul, las niñas dejaron de comprarlo. “Ahora, desde que sacaron Lego Friends en tonos rosa y malva han subido sus ventas un 25%“.

“Nos hemos ido dejando llevar hasta creernos que nacemos así y la industria no va a cambiar porque le funciona. Solo lo hará cuando empecemos a demandarlo”.

Además, Alba advierte que la tendencia es ir cada vez a peor.

 

 

“Si comparas un superhéroe de hace 10 años con uno actual , el de ahora tiene más músculos. Porque hemos hablado mucho de las niñas pero a los niños también les estamos metiendo mucha presión. Les transmitimos que tienen que ser siempre fuertes y valientes, que no tienen que tener sentimientos…”.

Pero, ¿qué pasa si son los propios críos los que nos piden un regalo que reconocemos como sexista o pernicioso por su violencia?

“No hay que decirles que no. Nunca hay que negar, siempre dialogar.Preguntarles por qué les gusta y hacerles pensar en por qué nunca aparecen niñas en los anuncios de coches o niños en los de carritos, etc”.

El primer paso es empezar a fijarnos en todos esos detalles que se nos escapan y a través de los cuales estamos mandando muchos mensajes contradictorios.

 

Eres tú quien decide

Egarito

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